Las tortugas marinas
tienen un gran sentido de la orientación, no importa donde se encuentren,
incluso si están en la otra punta del océano, de alguna manera se las arreglan
para regresar a su hábitat. Las hembras realizan miles de kilómetros para
desovar en las mismas playas donde nacieron, realizando su primer viaje al cabo
de varios años.
¿Qué
nos enseña esta experiencia?
-La tortuga funciona a su ritmo: sin
prisa pero sin pausa. Lo importante es realizar bien su tarea.
- Tiene claro el norte: es fiel y cumple
con el plan propuesto
- Tiene perseverancia y constancia. Es fundamental usar todos los medios a
tu alcance y no desanimarse y claudicar ante las adversidades. Los obstáculos vienen
para hacerte más fuerte.
- Compromiso con su especie: si cada
ejemplar no tuviera presente su misión y responsabilidad con los demás y dejara
de realizar su labor, más tarde o temprano desperecerían todos.
- Confianza y apuesta por la vida: la
tortuga realiza su trabajo: pone los medios, “siembra” sin ver directamente la
consecuencia de su esfuerzo. Hace lo que tiene que hacer y luego confía en la
cadena de la vida.
La adicción a la urgencia
Una
de las características principales de nuestro mundo actual es la aceleración,
la rapidez, los cambios bruscos, la inmediatez. Una expresión muy generalizada
en nuestras vidas es decir “no tengo tiempo”. En nuestro contexto actual nos
invade la prisa. “Todo tiene que estar
terminado para ayer”. La urgencia es el paradigma dominante para muchas
personas, y así no se puede vivir en el presente, porque el presente ya es
pasado y por tanto difícilmente se proyectará
en un futuro.
Gestionar
el tiempo de forma eficiente requiere en primer lugar tener claro a donde
queremos ir, que queremos hacer con nuestra vida, o sea tener un claro
propósito que nos proporcione una
brújula para indicarnos el norte. Cuando hemos dedicado un tiempo a clarificar
nuestros valores y el propósito de nuestra vida, entonces sabremos priorizar de una forma natural y fácil entre
las cosas que son importantes y las que quizás parecen muy urgentes pero en
realidad no son importantes.
Las
vidas de muchas personas están gobernadas por el reloj, y se pasan el día yendo
de un lado para otro atendiendo citas, compromisos, horarios, sin embargo estar
moviéndose a gran velocidad no implica necesariamente que uno esté yendo en la dirección correcta. La
sensación agobiante es que cada vez corremos más y curiosamente cada vez
tenemos menos tiempo.
Cambiar el reloj por la brújula: tener un norte claro
Si
en nuestras vidas percibimos que hay una brecha entre el reloj (hacia donde me
empujan a ir las circunstancias, el
entorno y los demás), y la brújula (hacia donde siento que debo de ir, de
acuerdo a mis valores, visión y principios) se desencadena una lucha interna
que puede incluso llevarnos a una crisis existencial.
En
la obra de Lewis Caroll, Alicia en el país de las maravillas, hay un
interesante dialogo entre el Gato de Cheshire y Alicia:
-Podrías decirme, por favor, qué camino he de tomar
para salir de aquí - pregunta Alicia.
- Depende mucho del lugar donde quieras ir, contestó
el Gato.
- Me da igual donde – dijo Alicia.
- Entonces no importa qué camino sigas – dijo el
Gato.
- …siempre que llegue a alguna parte, añadió Alicia,
a modo de explicación.
- Ah!, seguro que lo consigues – dijo el gato, si
andas lo suficiente.
Como
bien afirma el Gato de Cheshire en su dialogo con Alicia, el camino a tomar va
a depender de a donde pretendamos llegar. Es fundamental tener un norte bien
definido, ya que el propósito y los objetivos orientarán la acción. Se suele
afirmar que “el que tiene un por qué, buscará el cómo”. Quien no tiene el norte
claro, como el personaje de Alicia, le dará lo mismo elegir un camino que otro.
He ahí la importancia de la brújula: no solo hay que realizar actividades, sino
que hay que intentar que estás se orienten el la dirección adecuada. Para
conectar con nuestro propósito en la vida, debemos hacernos a menudo estas
preguntas: ¿Qué es lo que realmente quiero? ¿Qué contribución deseo realizar?
¿Qué objetivos tengo en mi mente? ¿Qué resultados quiero conseguir?
De
este modo pasamos a dirigir nuestra vida por el paradigma de la
importancia. Si nuestra misión está bien
determinada y alineada con nuestros valores, nuestras decisiones se basarán en
priorizar siempre lo que es más importante, sin dejarnos atrapar en la dinámica
de hacer solo las cosas más urgentes.
Evitar el desperdicio de la energía mental
Otro
aspecto al que hay que prestar atención para gestionar el tiempo con
efectividad, es saber evitar el desperdicio de nuestra energía física, mental y
emocional. El uso incorrecto del tiempo se encuentra estrechamente relacionado
con el desperdicio de nuestra energía mental y con la falta de objetivos claros
en la vida. Si nuestra mente va muy acelerada con muchos pensamientos inútiles
y desperdiciables, tendremos la sensación de que el tiempo se contrae y que
siempre vamos corriendo detrás del reloj. En cambio, si el ritmo de nuestros pensamientos
se hace más lento tendremos la sensación que el tiempo se expande. Los momentos
de silencio nos proporcionan un tiempo de oro para disfrutar de momentos de paz
y sosiego, viviendo más intensamente
cada momento presente, sintiendo que somos dueños del tiempo.
Instaurar un tiempo de reflexión silenciosa:
Alcanzar
un estado de equilibrio y claridad mental, así como clarificar nuestras metas y
valores, requiere que dediquemos más tiempo a nosotros mismos. En el silencio,
a través de la reflexión silenciosa y la meditación, podemos encontrar un espacio interior de
calma y claridad que nos ayude a conectar con nuestro ser, lo cual a la vez nos
llevará a utilizar la energía de nuestra mente de forma más correcta y
beneficiosa.
El silencio interior nos ayuda a crear la
calidad más elevada de pensamientos. Es un estado de paz en la mente y
estabilidad emocional, en el cual uno se encuentra más allá de cualquier
pensamiento desperdiciable o negativo. Es a través de la práctica de la
meditación como podemos lograr esa
experiencia de silencio en nuestras mentes. Con la meditación utilizamos el
poder del pensamiento creativo para experimentar el silencio.
Tres
pasos a seguir en nuestra práctica
meditativa:
- Retraerse: Dedicamos unos momentos a separarnos de la
influencia de nuestros pensamientos y nuestro entorno y a tomar control de la
mente.
- Observar:
Adoptamos la actitud de ser un
observador de nuestros pensamientos, y reflexionamos y decidimos si los
queremos mantener en nuestra mente.
- Dirigir:
Suavemente, sin forzar,
comenzamos a crear el tipo de pensamientos que deseamos tener.
La práctica de estos tres pasos de una forma
regular y sistemática nos puede ayudar a calmar la mente y cambiar la forma que
pensamos sobre las situaciones y desafíos de la vida cotidiana. Tendremos más
claridad mental y fuerza interior y ello nos capacitará a dar respuestas efectivas en lugar de
reaccionar impulsivamente.
Dejaremos de ser los esclavos del tiempo que
son golpeados por las distintas circunstancias y eventos, para pasar a ser los
dueños de nuestro tiempo, que tienen su norte claro y gobiernan el barco de su
vida con firmeza y sabiduría, avanzando sin prisa pero sin pausa.
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