Estamos viviendo en una época de grandes cambios en nuestra
sociedad, o quizás podríamos afirmar que estamos en un cambio de era. Una de
las características del tiempo presente es la
velocidad a la que nos estamos moviendo en nuestra vida cotidiana, con
una tendencia manifiesta a una aceleración continua. Las nuevas tecnologías han
tenido una influencia fundamental en esta sensación de hiper velocidad en que
nos hallamos inmersos. Cada vez más se vive la experiencia de que lo que ayer
era más rápido hoy resulta caduco y lento. Esa prisa nos inunda y fomenta la
impaciencia y brevedad de nuestras experiencias. Surge la sensación que no hay
tiempo para nada. Queremos más y lo queremos al momento, sin valorar los logros
que vamos consiguiendo. Nos hemos acostumbrado a los avances de tal manera que
al poco tiempo nos resultan anticuados y pedimos más. Por ejemplo, en la velocidad de conexión a
internet, “la banda ancha” ya se ha quedado estrecha. Como consecuencia, la
ansiedad se convierte en uno de las patologías de nuestra época, ya que cada
momento se convierte en una carrera contra el reloj. Todo van tan deprisa que
no hay posibilidad de pararse. Esta aceleración impregna toda nuestra
existencia y no es extraño que tal situación acabe pasando factura al ser
humano.
El
movimiento Slow (lento o tranquilo)
En los últimos años ha ido surgiendo el llamado movimiento
slow (lento o tranquilo), que
reinvindica el derecho a ser uno mismo quien controla los ritmos de su vida y
quien decide que celeridad conviene según sea la situación y el contexto. Si
hoy quiero ir rápido, voy rápido, si mañana quiero ir más despacio, decido ir
lentamente. Este movimiento parte del principio que la serenidad y la calma
aumentan la calidad de vida.
Caracteristicas
del movimiento slow
a)Apuesta por potenciar una alternativa positiva: la
desaceleración y la calma. No pretende
ser un movimiento anti-sistema o que tenga como planteamiento la protesta o una
actitud victimista.
b) En esta misma línea, su objetivo tampoco es actuar en
contra de la velocidad o la acelaración en sí, sino sensibilizar la conciencia
humana para potenciar la calma, el equilibrio y
el sentido común. No pretende una declaración de guerra en contra de la
velocidad. Hay situaciones en las que es necesario actuar rápido, pero lo que
no podemos es convertir la velocidad en una “obsesión”.
c) El ideal no es apostar radicalmente por la “lentitud
extrema”, sino apoyar que todo tiene sus tiempos y su ritmo. Lo fundamental es
realizar las tareas en su tiempo o ritmo apropiado.
Como afirma José Luis Trechera, reivindicar la lentitud es un
modo de asumir la vida con placer, de plantearse las cosas con calma, sin angustia,
de detenerse y observar; de resistirse a
la prisa para disfrutar de la existencia y belleza de cada momento presente. Lo
cual no significa volverse improductivo, sino actuar rápido cuando haya que
hacerlo y lento cuando convenga. Se trata de que sea la persona la que controle
el reloj y los ritmos de la vida, y no al revés.
d) Como alternativa se plantea la desaceleración, a través de
la cual se busca el ritmo adecuado para cada tarea. ¿qué implica la
desaceleración?
- Una nueva escala de valores que posibilita tener una
relación distinta con el tiempo: es importante saber “perder” el tiempo”.
- Hay que educar la paciencia.
- Establecer una relación simbiótica con las nuevas
tecnologías y evitar la excesiva dependencia o adicción de las mismas. Las
nuevas tecnologías son medios o aliados para mejorar la calidad de vida, no
fines que esclavicen y sometan a las personas.
- Aprender a saborear la vida y vivir con plena conciencia el presente. EL objetivo es vivir el día a día
con sentido. Es decir, se apuesta por vivir y no solo por sobrevivir.
- Se valora más la calidad que la cantidad. Se trata de hacer
las cosas bien y no sólo hacer muchas actividades. Aplicado por ejemplo al
mundo del trabajo implica un cambio de mentalidad: no es lo mismo trabajar
muchas horas que ser más productivo. Trabajar mucho no es sinónimo de trabajar
bien.
“Creo que vivir deprisa no es vivir, es
sobrevivir.
Nuestra cultura nos inculca el miedo a perder
el tiempo,
pero la paradoja es que la aceleración
nos hace desperdiciar la vida. Carl Honore.”
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